Quién no ha jugueteado un poco a la hora de quitarse una frondosa barba: dejándose el bigote para ver cómo le queda o permitiendo la existencia efímera de unas patillas setentosas. Jon Dyer en su sitio ha inmortalizado estos ensayos estéticos demostrando que el que quiere parecer interesante con ayuda de una barba, logra tener pelos en la cara.
A la Souvarov es uno de esos modelos que crean un efecto notable. Lo mismo que este caprino modelo. De alguna forma nuestro amigo captó la pérdida de coolness que significa hoy en día un bigote clásico...