Todas las coloraciones y formas
que el cielo nos ofrece, tienen una propiedad
común: que no pueden imitarse con los
medios humanos. Siempre que se intenta reproducirlas
sobre un lienzo, un papel, madera o metal,
se fracasa irremediablemente. Son obra de
un maestro que dispone de medios verdaderamente
"celestiales". Su pincel es la luz
solar, y su lienzo es el voluble éter
con sus nubes y el finísimo tejido
del velo del polvo atmosférico: ningún
artista dispone de ellos.
THEO LÖBSACK ( El Aliento
de la Tierra)
El mar de aire que nos rodea,
constituye un inagotable manantial de gozo
para nuestros ojos. El azul de una clara mañana
de primavera, el rojo anaranjado de un crepúsculo
en una llanura, han hecho a los hombres deleitarse,
poetizar e investigar una y otra vez. No importa
en qué parte de la Tierra vivamos,
tenemos todos un mismo cielo en común.
En lo alto, el cielo se nos presenta tan pronto
azul ultramar como rosado, ahora blanquecino
o de un delicado azul celeste, engalanado
con nubes en forma de copos, deshechas en
desgarrados jirones o potentemente hinchadas.
La variabilidad de esta imagen es tan grande
que nunca se reproduce exactamente. Y los
colores salen de una paleta tan rica, que
nuestros pintores dirigen, una y otra vez,
su mirada al cielo, para inspirarse en el
colorido de una puesta de sol o del arco iris.
La belleza del cielo no es
más que el resultado de la interacción
de la LUZ del Sol con la atmósfera.
Una cantidad de humedad, relativamente pequeña,
acompañada de partículas de
polvo y de ceniza es suficiente para provocar
en el cielo las múltiples manifestaciones
de color.
Cuando se dan condiciones
atmosféricas especiales, pueden aparecer
fenómenos atmosféricos cromáticos
como son el Arco Iris, los Círculos
de Ulloa, las Coronas solares y lunares, los
Halos, Falsos Soles y Falsas Lunas y otros
más "raros" (Espejismos,
el Rayo Verde, la Luz Sagrada, Auroras Polares,
Fuegos de San Telmo...), que son fenómenos
ópticos completamente explicables.
Aquí nos ocuparemos sólo del
fenómeno óptico más común
que es el color del cielo, en sus variadas
posibles manifestaciones.
El secreto del color azul
del cielo esta relacionado con la composición
de la luz solar -integrada por los distintos
colores del arco iris- y con la humedad de
la atmósfera. (El Sol es quien se encarga
de procurar al aire su humedad. Con su calor,
hace que parte del agua de la superficie terrestre
se evapore. En corriente invisible pero incesante,
la humedad se dirige hacia el cielo desde
los océanos, mares, lagos y ríos;
desde el suelo, las plantas y los cuerpos
de los animales y del hombre).
Para explicar el color azul
del cielo, imaginemos que dejamos pasar un
rayo de sol por un prisma de vidrio. La luz
se abre en un abanico de colores (se dispersa)
por refracción y como resultado de
esta dispersión vemos una gama de colores:
violeta, azul, verde, amarillo y rojo. El
rayo violeta es el que se ha separado mas
de la dirección del rayo blanco y ahí
esta precisamente la explicación del
color del cielo. La desviación es máxima
para los rayos de longitud de onda corta (violeta
y azul), y mínima para los de longitud
de onda larga (amarillos y rojos), que casi
no son desviados. Los rayos violetas y azules,
una vez desviados, chocan con otras partículas
de aire y nuevamente varían su trayectoria,
y así sucesivamente: realizan, pues,
una danza en zigzag en el seno del aire antes
de alcanzar el suelo terrestre. Cuando, al
fin, llegan a nuestros ojos, no parecen venir
directamente del Sol, sino que nos llegan
de todas las regiones del cielo, como en forma
de fina lluvia. De ahí que el cielo
nos parezca azul, mientras el Sol aparece
de color amarillo, pues los rayos amarillos
y rojos son poco desviados y van casi directamente
en línea recta desde el Sol hasta nuestros
ojos.
Si profundizamos un poco más,
la explicación es más compleja.
La luz es una onda electromagnética
y las piezas fundamentales de la materia en
su estado más frecuente en la Tierra,
son los átomos. Si las partículas
existentes en la atmósfera, tienen
un tamaño igual o inferior al de la
longitud de onda de la luz incidente (átomos
aislados o pequeñas moléculas),
la onda cede parte de su energía a
la corteza atómica que comienza a oscilar,
de manera que un primer efecto de la interacción
de la luz con las partículas pequeñas
del aire es que la radiación incidente
se debilita al ceder parte de su energía,
lo que le sucede a la luz del Sol cuando atraviesa
la atmósfera. Evidentemente esta energía
no se queda almacenada en el aire, pues cualquier
átomo o partícula pequeña
cuya corteza se agita, acaba radiando toda
su energía en forma de onda electromagnética
al entorno en cualquier dirección.
El proceso completo de cesión y remisión
de energía por partículas de
tamaño atómico se denomina difusión
de RAYLEIGH (en honor del físico inglés
Lord Rayleigh que fue el primero en darle
explicación) siendo la intensidad de
la luz difundida inversamente proporcional
a la cuarta potencia de la longitud de onda.
La difusión será mayor por tanto,
para las ondas más cortas: Como consecuencia
de ello, llegamos a la misma conclusión,
la luz violeta es la más difundida
y la menos, la roja. El resultado neto es
que parte de la luz que nos llega desde el
Sol en línea recta, al alcanzar la
atmósfera se difunde en todas direcciones
y llena todo el cielo.
El color del cielo, debería
ser violeta por ser ésta la longitud
de onda más corta, pero no lo es, por
dos razones fundamentalmente: porque la luz
solar contiene más luz azul que violeta
y porque el ojo humano (que en definitiva
es el que capta las imágenes -aunque
el cerebro las interprete-), es más
sensible a la luz azul que a la violeta.
El color azul del cielo se
debe por tanto a la mayor difusión
de las ondas cortas. El color del sol es amarillo-rojizo
y no blanco, porque si a la luz blanca procedente
del Sol -que es suma de todos los colores-
se le quita el color azul, se obtiene una
luz de color amarillo-roja.
La difusión producida
por los gases es muy débil, sin embargo,
cuando el espesor de gas es muy grande, como
sucede en la atmósfera, fácilmente
se puede observar la luz difundida.
El hecho de que la difusión
sea mayor para las ondas más cortas,
es la base de la utilización de los
faros antiniebla.
Independientemente de todas
las posibilidades que se puedan presentar,
puede afirmarse que, cuanto mayor sea el numero
de partículas que enturbian el aire,
tanto peores serán las condiciones
de visibilidad a través de dicho aire.
Si la niebla es "seca",
debido a la presencia de humo, polvo o gotitas
de agua muy pequeñas, la luz amarilla
- que parte de los faros antiniebla- apenas
pierde intensidad a causa de la interposición
de esta niebla, de manera que resulta visible
a través de ella. Si la niebla es "húmeda",
los mejores faros contra ella fracasan casi
del todo, ya que la niebla húmeda esta
formada por gotas grandes que dispersan, casi
por igual, todos los colores de la luz blanca.
El mismo Sol, visto a través de esta
niebla de gotas grandes, aparece desdibujado
y de color blanco lechoso, mientras que observado
cuando la niebla se debe a polvo fino tiene
el aspecto de disco rojo, como ocurre a menudo
al ponerse el astro.
Si la luz interactúa
con una partícula grande, no funciona
el mecanismo de Rayleigh, ocurre un proceso
mucho más sencillo: la partícula
simplemente absorbe parte de la luz y la otra
parte la refleja. Cada partícula se
comporta como un espejo pequeñito que
reflejará más o menos luz según
su composición química y que
alterará el color de la luz reflejada
si la partícula está formada
por sustancias coloreadas. Si la luz se encuentra
con una distribución de partículas
grandes, parte de la luz se esparce y, además,
puede cambiar de color. Este proceso se conoce
como difusión de Mie, y el ejemplo
más sencillo lo tenemos en las nubes,
donde las gotas de agua incoloras, esparcen
la luz en todas las direcciones pero sin alterar
su color. ( El cielo del planeta Marte es
otro ejemplo de difusión de Mie, provocado
por partículas coloreadas de tamaño
grande, por eso no es azul, porque el tamaño
de las partículas no permite la difusión
de Rayleigh).
Cuando la difusión
de Mie actúa de forma masiva, si las
partículas difusoras no son coloreadas,
el resultado es la atenuación de la
luz blanca hacia grises cada vez más
oscuros. Esta es la causa de que en los días
muy nublados, cuando las nubes son muy gruesas,
el cielo aparezca mas o menos gris, y a veces
casi negro.
Las salidas y puestas de sol
nos brindan a diario hermosos espectáculos,
los mas bellos que el aire puede ofrecer a
nuestros ojos.
Si el horizonte es amplio,
(como sucede en la ciudad de Badajoz), los
efectos se multiplican y el espectáculo
es todo un poema.
Al atardecer, el camino que
la luz solar recorre dentro de la atmósfera
es mas largo, los rebotes sucesivos en unas
partículas y otras hacen crecer la
probabilidad de que la luz acabe chocando
con una partícula absorbente y desaparezca,
de manera que incluso la parte amarilla es
afectada y difundida y solo los rayos rojos,
los más direccionales, siguen un camino
casi rectilíneo. De ahí el color
rojo del sol poniente.
Los colores que nos ofrece
el cielo en estos casos, se originan también
gracias a la intervención de las moléculas
existentes en el aire y de las partículas
que éste tiene en suspensión
"el aerosol atmosférico",
que dispersan y desdoblan la luz solar de
múltiples modos.
Ya antes de que el Sol se
hunda en el horizonte, vemos cómo el
colorido del cielo se vuelve más intenso,
mas saturado. Mientras la luz que aparece
en los alrededores del disco solar vira hacia
el amarillo-rojizo y en el horizonte resulta
verde-amarillenta, el azul del cielo se vuelve
más intenso en el cenit.
Cuando el Sol se halla a una
distancia angular del horizonte de 1 ó
2°, la luz crepuscular derrama sobre el
borde del cielo su mágica luminosidad.
Poco a poco, el resplandor amarillo se transforma
en una luz rojo-anaranjada, y, finalmente,
en una luminosidad centelleante color fuego,
que, algunas veces, llega a presentar el rojo
color de la sangre. Cuando ya el astro diurno
ha desaparecido bajo el horizonte, se observa
en el oeste del cielo un resplandor purpúreo,
que alcanza su máxima intensidad cuando
el Sol ha descendido unos 5° por debajo
del horizonte. Encima del lugar en donde se
ha puesto el Sol, separado del horizonte por
una estrecha franja rojo-parda, suele verse
un semicírculo cuyo color varia entre
el púrpura y el rosa. Esta coloración
se debe en esencia a la refracción
de la luz solar en las partículas que
enturbian el aire situado entre los 10 y los
20 km. de altura, y desaparece cuando ya el
Sol ha llegado a los 7 ° por debajo del
horizonte.
Cuando existe una cantidad
anormalmente elevada de aerosoles (polvo atmosférico),
la luz del amanecer y del atardecer es especialmente
roja. Sucede generalmente cuando existen presiones
atmosféricas elevadas (anticiclón)
ya que la concentración de partículas
de polvo en el aire es mayor a altas presiones.
Los colores rojos intensísimos que
solemos contemplar aquí en Extremadura,
por el mes de octubre y en algunas ocasiones
esporádicas, pueden ser debidos al
aumento de aerosoles por la quema de los barbechos
de las cosechas.
Si la tierra no tuviera atmósfera,
la luz solar alcanzaría nuestros ojos
directamente desde el disco solar y no recibiríamos
luz difundida y el cielo aparecería
tan negro como por la noche (los astronautas
pueden observar durante el día las
estrellas, la luna y los planetas debido a
que están fuera de la atmósfera).
En casos excepcionales pueden
aparecer coloraciones especiales debido a
la contribución de los volcanes en
actividad. Cuando se produjo la erupción
del volcán Krakatoa (26 y 27 de agosto
de 1883, -36000 muertos por la erupción-)
se presenció en la Tierra un notable
ejemplo de ello. La erupción lanzó
a los aires un volumen de masas rocosas de
la pequeña Isla de Krakatoa (situada
en el Estrecho de la Sonda, entre Sumatra
y Java) que se estima en unos 18 km3. Trozos
de roca del tamaño de una cabeza humana
salieron despedidos hacia lo alto con velocidades
iniciales de 600 a 1000 m/s, y el estruendo
de la explosión se dejó oír
en Rodríguez (Isla de Madagascar) a
4774 kilómetros de distancia. El cielo
permaneció oscuro durante varios días.
Las partículas mas finas de ceniza
volcánica expulsadas por el volcán
se esparcieron hasta los 80 km de altura,
fueron arrastradas por las corrientes atmosféricas
elevadas y dieron la vuelta a la Tierra por
dos veces. Se produjeron en el aire fantásticos
fenómenos cromáticos que continuaban
aun meses después del cataclismo; entre
otros, se observaron asombrosas coloraciones
durante las salidas y puestas de sol y se
vieron soles de todos los colores, entre ellos
rojo-cobre y verde. También se vieron
soles de color azul, como pueden asimismo
verse en raras ocasiones en Europa, cuando
en el Canadá, por ejemplo, se produce
un gran incendio forestal y los vientos del
Oeste arrastran hasta nuestro Continente partículas
de ceniza finísimas.
Debido a que al atardecer,
el camino que la luz solar recorre dentro
de la atmósfera es mas largo, como
hemos indicado anteriormente, es por lo que
el Sol se ve más achatado y ancho pues
el efecto de refracción a través
de la atmósfera es muy grande.
Por último, el color
negro de la noche, es debido a que a la atmósfera
que rodea al observador, apenas llega luz
y por tanto no se puede dar suficiente difusión.
Experimento para ver
por que el cielo es azul
El cielo azul
Un tubo lleno de gelatina demuestra por que
el cielo es azul
Para hacer y observar
Se observa que la luz del proyector es blanca,
pero la gelatina en el tubo largo de plástico
más cerca del proyector es celeste. Más
abajo en el tubo la gelatina se ve anaranjada.
Si miras al lado del tubo por
el filtro polarizante redondo que cuelga del
objeto expuesto y haces girar el filtro a medida
que miras a través del mismo, observas
cómo la luz se oscurece y aclara a medida
que gira el filtro.
¿Qué ocurre?
La luz que viaja a través de este tubo
choca con las moléculas individuales
de gelatina que encuentra en el interior. Estas
moléculas absorben una parte de la luz
y luego vuelven a emitirla, en un proceso que
se conoce como dispersión. La dispersión
también da a la tierra su cielo azul
(por eso el cielo es azul). La moléculas
de polvo y de agua que se encuentran en la atmósfera
dispersan la luz que viene del sol. Algunas
longitudes de onda de la luz, o colores, se
dispersan más fácilmente que otros.
La luz azul es la que se dispersa más,
y es por eso que la mayoría de la gelatina
del tubo es azul. Rojo, el color que ves en
el extremo del tubo, es el que se dispersa menos.
La luz dispersa está polarizada, es decir,
que las ondas luminosas vibran en una dirección
o patrón definido. El filtro polarizado
de esta presentación te permite detectar
la luz polarizada. El filtro deja pasar solamente
la luz que se ha polarizado en una dirección
particular y bloquea el resto.
¿Entonces qué?
La luz polarizada forma patrones en el cielo
que pueden ser detectados por las abejas y otras
criaturas. Estos patrones cambian según
la ubicación y orientación del
animal en relación con el sol (la intensidad
más alta la de la luz polarizada es perpendicular
al sol). Las abejas tienen receptores especiales
en sus ojos que detectan la intensidad y la
dirección de la luz polarizada, y esta
información les ayuda a encontrar su
camino de ida y de vuelta a la colmena.