Dos factores han contribuido al renacimiento de una serie que puede presumir de contar con uno de los sistemas de control más pulidos e intuitivos del mercado, en el siempre complejo género de los shooters de acción en tercera persona.
El primer factor decisivo ha sido el deseo de la mismísima Capcom de no dejar morir una franquicia con tanto potencial, solo por qué DMC 2 había resultado ser un pobre experimento de evolución. El segundo factor se llama Kazuma Kaneko alias el Artista de los Demonios en Japón.
Kaneko es un famoso diseñador de personajes en cuyo currículum hallamos un gran número de RPGs de la compañía Atlus. Ha destacado por sus geniales últimos trabajos en Shin Megami Tensei III: Nocturne (donde Dante aparece y no precisamente por casualidad) y Digital Devil Saga.
Capcom no escogió a kaneko al azar, su obsesión casi enfermiza por los demonios (que le ha llevado a publicar libros de ilustraciones enteramente dedicados a ellos) lo convertían en el candidato perfecto para llevar a cabo la difícil misión de reinventar la estética de Devil May Cry.
Gracias a Kaneko, DMC 3 presenta un look totalmente anime, con personajes y enemigos muy atractivos y detallados, en contraposición a los anodinos seres de piel de ceniza, ojos llameantes y pobreza de rasgos que encontrábamos en los dos primeros capítulos. Cuando un juego ya te "entra por los ojos" nada más comenzar a jugar, es sin lugar a dudas una buena señal de que algo ha cambiado en el mundo del cazademonios Dante.
Junto a su magistral control, los monstruosos seres a los que deberemos devolver al infierno asumen un protagonismo agradecido. Kaneko ha tenido el acierto de basar los demonios inferiores en los Siete Pecados Capitales, dando vida a criaturas de una IA aventajada que al ser destruidas se convierten en una fantasmal nube de arena