Si GT4 nos permitiera comprar cualquier coche en cualquier momento, lo cierto es que el juego perdería la gracia con más rapidez que lo que tarda uno de nuestros coches modificados en llegar a 100 Km/h.
Pero como de casta le viene al galgo, GT4 nos da tantas opciones de progresión como coches, y si bien tendremos que pasar por unas pruebas de pericia en el centro de carnés para poder acceder a pruebas cada vez más importantes, la manera de avanzar en el juego es totalmente libre, y depende más del tipo de coche que tengamos que no de un guión pre-establecido.
Así, con nuestros carnés y un coche de segunda mano podremos comenzar a participar en las muy asequibles carreras de principiante, que nos darán nuestros primeros fondos, fondos que podremos invertir en mejoras para nuestro vehículo.
A medida que vayamos ganando carreras, obtendremos recompensas en forma de créditos para comprar componentes y vehículos, puntos de conducción, y lo más interesante: coches de regalo al ganar campeonatos o quedar primero en todas las carreras de una categoría.
Son estos coches los que nos permitirán progresar a otras categorías, dado que en muchas ocasiones dichos vehículos serán verdaderas maravillas.
Y precisamente éste es uno de los principales problemas del juego, ya que una vez que consigamos uno de estos supercoches, podremos ganar todas las carreras de su categoría sin despeinarnos, y conseguir suficiente dinero como para montar otro supercoche de otra nacionalidad (los coches japoneses pueden competir en carreras japonesas y en los campeonatos comunes, los europeos en las europeas, etc.), ganar otro campeonato que nos dé otro supercoche, etc.
Parece que este punto no es accidental, dado que aparte de poder conducir en todas las carreras, también contamos con un modo B-spec, que nos permite dirigir desde boxes las evoluciones de nuestro vehículo, especificándole si debe ir a mayor ritmo de carrera o ser más conservador, si debe adelantar, etc.
Un mayor ritmo de carrera significará una conducción más agresiva, lo cual puede resultar en que el coche salga de pista o que gaste los neumáticos demasiado rápido.
Sin embargo, con un coche lo suficientemente bueno, podremos ganar cualquier carrera sin problemas.